Prólogo | María
Hacer esta diaria juntas, llenarla día a día, ha sido de las mejores cosas que nos han pasado a todas durante la pandemia. Y es que no podía haber sido un proyecto más atinado para nosotras siete: Berta y sus seis descendientas. Dos hijas, tres nietas y una bisnieta de 3 años y once meses. Lunes, yo; martes, mi hermana Rut; miércoles, Sara, la más chica de sus hijas; jueves, Pía, la más grande; Irene, la mediana, viernes; sábado, mi mamá, Berta, y domingo, qué felicidad, nuestra pequeña Emilia, hija de Pía. Como lo dicen Berta y Rut en sus textos, lo más duro para este clan, que solíamos estar pegadas unas a otras como chicles, ha sido eso: no vernos, no abrazarnos, no reírnos, no cantar, como lo hacíamos en todas las comidas, para la incomprensión del resto del mundo (especialmente, los de las mesas aledañas en los restaurantes, a los que les parecía muy extraño que de pronto todas esas mujeres se pusieran a cantar: “de qué se ríe, señor ministro, de qué se ríe”, y otras). Hacer esta diaria, por tanto, ha sido una actividad que nos ha traído mucha felicidad, pues nos ha hecho sentir que seguimos juntas, a pesar de todo. Cada una con su rollo, sus imágenes, sus preguntas, sus alegrías, sus angustias. Aun así, como bien dice Emilia, ojalá que pronto nos curemos de esta cuarentena, que no cesa.